JAQUE A LA BARBARIE

Durante el último siglo y hasta el pasado mes de enero hemos vivido uno de los periodos más extraordinarios de la historia. En él se han dado catástrofes humanas, progresos científicos y materiales (la llegada del hombre a la luna o el descubrimiento de internet) y se ha evidenciado nuestra capacidad para transformar y tal vez destruir la faz de la Tierra. Esta edad de los extremos, de repente ha quedado quebrada y paralizada por un virus bautizado como SARS-CoV2 que ha provocado la enfermedad COVID-19 con efectos y daños impredecibles.  

Esta pandemia, como al resto, me está tocando sufrirla confinado de manera activa y pasiva, dentro de una unidad indivisa como mi familia, mi comunidad de propietarios, mi barrio,  mi ciudad, Gijón, mi Mundo.

Además, durante este corto periodo de tiempo, la enfermedad está generando, como es sabido, numerosa información y también muchos bulos, divulgados a través de infinidad de medios que a su vez crean multitud de corrientes de opinión a favor y en contra.

Ante este gran problema colectivo como empresario me pregunto cuál es mi papel y de qué manera puedo contribuir a su solución. Reflexiono sobre qué derechos me amparan y qué obligaciones tengo con la sociedad, me preocupa cómo proteger las infraestructuras de nuestra organización, cómo administrar mejor el tiempo y cómo asignar de manera más eficiente los recursos que día a día merman. En definitiva, cómo puedo deslindar, analizar y comprender la situación actual para poder afrontarla y darle una solución.

Nadie pone en duda que esta es una guerra colectiva que se gana día a día, donde desgraciadamente también hay bandos que germinan de intereses individuales. Mi opinión, es que debemos apoyar al que por derecho le corresponde y tiene la responsabilidad última en esta crisis: el Gobierno de la Nación. Entiendo que debemos colaborar junto a nuestros gobernantes y nuestros funcionarios públicos, dejando intereses, ideales y disputas personales al margen y fraguando la unidad en aras del bien común, compartiendo y aunando todas las fuerzas para que nuestras armas sean más eficaces.

En lo que respecta a nosotros los empresarios, es primordial mantener la supervivencia de nuestras organizaciones, apartando el fin social del ánimo de lucro, conservando nuestras actividades productivas, las esenciales y las que no lo son, manteniendo los puestos de trabajo porque van a ser imprescindibles para reconstruir y reparar los daños que esta pandemia está provocando.

Estos días más que nunca, la incertidumbre ronda constantemente la cabeza de los empresarios dificultando la toma de decisiones certeras. Y el riesgo crece. Las previsiones son pesimistas. Analistas como el banco de inversión estadounidense, Goldman Sachs, y la escuela de negocios IESE, auguran un escenario desolador a corto plazo. Además de venirse abajo la previsión del mercado donde se apuntaba un crecimiento cercano al 1,6%  del PIB,  si la situación no está controlada en primavera, su desplome podría acercarse al 10% en el conjunto del año, la economía entraría en recesión, destruyendo más de un millón de empleos y se dispararía el déficit y la deuda pública.

Pese a todo ello, debemos sobreponernos a la perplejidad y asirnos a que el Covid-19 no es -solo- una enfermedad sino también un germen; la semilla sobre la que asentar la llegada de una nueva realidad: La Era de la Economía Colaborativa. La respuesta a este shock habrá de conjugar dos realidades usualmente enfrentadas: la solidaridad y la colaboración de todos con criterios de eficiencia y eficacia económicas. Una solución que irremediablemente habrá de ser paneuropea y al tiempo, estrechamente coordinada con las demás economías desarrolladas, con medidas que a cortísimo, corto y medio plazo cohabiten con otras soluciones de carácter estructural.

Se atribuye a W. Churchill la frase “Muchos miran al empresario como el lobo al que hay que abatir; otros lo miran como la vaca que hay que ordeñar; pero muy pocos lo miran como el caballo que tira del carro”, y en tiempos como los actuales, es de justicia recordar que el tejido productivo español se compone mayoritariamente (94%) por pymes de cinco o menos empleados que necesitan seguridad y apoyo para continuar su actividad.

En las manos de todos (Estados, Empresas y Personas) está recordar 2020 como el año del crash, o como el año en el que el coronavirus puso en jaque a nuestra civilización y fuimos capaces de sobreponernos sin dejar a nadie atrás.

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